A los que la inspiración les llega trabajando se les nota. El estudio de Rai Escalé, en plena ebullición, está abarrotado de obras, algunas a la vista, otras cuidadosamente clasificadas y guardadas en su cajón correspondiente. Su ayudante, Sandra, se pasa la mañana en silencio recortando hojas de revistas con papel estucado, en CitizenK ecuentra una mina de valor incalculable. A lo largo de su amplia trayectoria, Rai ha pasado de la ilustración a la pintura de forma natural. Si al principio fue la monstruosidad con ese claro tinte masculino lo que llamó su atención, ahora se declara absolutamente entregado a una mutación de la belleza femenina que según su criterio provoca un sentimiento espeluznante en la boca del estómago del que mira la deformación.